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Biomecánica del
atletismo
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Un análisis pormenorizado de la biomecánica de la técnica de carrera nos
puede permitir deducir aquellos aspectos relevantes que podríamos
mejorar en el corredor para tratar de minimizar las cargas a las que se
va a ver sometido, y de esa manera disminuir el riesgo de aparición de
una lesión. Para ello realizaremos una exploración exhaustiva de los
corredores y análisis biomecánicos con el sistema biofoot, que nos
indicaran las pautas a seguir para realizar los tratamientos necesarios.
Ciclo de la carrera
Cuando el corredor toca con el pie en el suelo, experimenta una rápida
flexión de rodilla y cadera, así como una flexión dorsal del tobillo,
como respuesta a la necesidad de una mayor absorción del choque(8).
Los músculos, tendones, ligamentos, huesos y cápsulas trabajan en
conjunto para dispersar y
gestionar las fuerzas rotatorias, de angulación y de compresión que se
dan durante un ciclo de paso.
Los músculos son especialmente importantes, pues inician el movimiento,
estabilizan los huesos y reducen o amortiguan las fuerzas del movimiento
resultantes de una carga de peso repentina. La fatiga muscular disminuye
esta función protectora e incrementa el riesgo de lesión en otros
tejidos de la cadena cinética.
Existen dos fases principales durante el ciclo de la carrera, una de
ellas la fase de apoyo (choque de talón, apoyo de medio pie, y despegue
de talón) y otra la fase aérea .Esta primera es la mas importante desde
el punto de vista podológico debido a que va a ocasionar la mayor parte
de lesiones en los corredores. Para ello aremos un análisis profundo de
ellas.
1. Fase de choque de talón.
El pie experimenta una cierta supinación al acercarse al suelo. Al tomar
contacto con éste, el pie está ligeramente por delante de su masa
central, para reducir al mínimo el freno y evitar el impulso lineal
hacia delante. Su articulación subastragalina juega el papel principal
al convertir las fuerzas rotatorias de su extremidad inferior en
movimiento hacia delante.
2. Fase de apoyo medio
En la fracción de segundo que transcurre entre el contacto del pie al
pleno en la superficie de la carrera, se flexiona la rodilla, la tibia
experimenta una rotación interna, el tobillo realiza una flexión plantar
y la articulación subtalar efectúa un movimiento de pronación,
produciendo la eversión del talón. Esta pronación permite la absorción
de las fuerzas de choque globales, giro de conversión, ajuste del
desequilibrio del contorno de la superficie y mantenimiento del
equilibrio.
Durante esta fase el pie constituye una estructura no rígida, flexible,
perfectamente adaptada al
papel que debe desempeñar. La flexión del pie se controla por medio de
la tensión excéntrica en el vasto medial, vasto lateral, recto femoral y
sartorio del muslo. El tibial posterior, el soleo y el gastrocnemio,
mediante la tensión excéntrica deceleran la pronación de la articulación
subtalar y la rotación interna de la extremidad inferior. La pronación
alcanza su punto máximo en este momento, y luego se produce suficiente
resupinación para que el pie pase a través de la posición neutral al
apoyo intermedio.
Así pues es aconsejable una cierta pronación para extender la energía
del golpe con el pie a lo
largo de la parte intermedia y delantera. Cuando se produce un defecto
en la pronación, se traslada un impacto excesivo a la parte posterior
del pie, y la pronación excesiva de la articulación subtalar produce un
exceso de eversión calcánea, que causa una tensión excesiva en el arco
longitudinal. La fascia plantar restringe el alcance de depresión del
arco y así absorbe gran parte de la fuerza de aterrizaje(1).
Es importante, pues, reducir al mínimo la excesiva pronación si queremos
evitar que aumente el riesgo de lesión.
El periodo de apoyo intermedio continúa hasta que se produce la
elevación del talón hacia arriba para el despegue. Durante este tiempo,
el pie debe pasar de una estructura flexible y móvil a una palanca
rígida que aguante de forma adecuada unas cuantas veces su peso
corporal. Este cambio no depende tanto de la actuación muscular como del
cambio de posición de las articulaciones subastragalina y medio tarsiana
del pie, de la forma anatómica de los huesos implicados y de la tensión
en los distintos ligamentos(15,20).
3. Fase de despegue de talon.
La supinación en la articulación subastragalina conforma esta rígida
palanca para la supinación
hacia delante. De esta forma, se extiende la articulación de la rodilla,
la extremidad inferior efectúa una rotación externa, el calcáneo se
invierte, se bloquea la articulación mediotarsiana y el pie se convierte
en una palanca rígida. La fuerza de propulsión se traduce en un empuje
hacia atrás y hacia abajo, resultado de la combinación de la extensión
de carrera (músculos glúteos y tendones de la corva), extensión de la
rodilla (cuadriceps) y flexión plantar del tobillo (soleo y gastrocnemio)(8).
El resultado final es una elevación del centro de la masa en cuanto el
cuerpo se traslada en el aire. La parte anterior del pie más ancha que
la posterior ayuda a conseguir el equilibrio y aumenta asimismo el área
de superficie que ha de soportar el peso.
En cuanto el pie se separa del suelo, el movimiento de la extremidad
inferior será decelerado por la acción de los tendones de la corva. De
forma simultánea, está a punto de producirse el golpe con el pie por
parte de la extremidad opuesta. Entonces la pierna que queda atrás
reduce su velocidad y la cadera, la rodilla y el tobillo alcanzan su
extensión máxima. Es el momento en que esta extremidad inicia el
movimiento hacia delante con el balanceo en esta dirección(1).
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