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El calzado en el ciclismo ha evolucionado mucho, siendo, en la actualidad, prácticamente imposible encontrar zapatilla de suela plana, al igual que la utilización del cuero ha dado paso, mayoritariamente, a compuestos sintéticos, principalmente en la suela (fibra de carbono) . El calzado adquiere gran importancia dado que, es el elemento que pone en contacto nuestro organismo con la plataforma sobre la que debe desarrollarse la fuerza (los pedales); por tanto, una adaptación deficiente entre el pie y la zapatilla, entre la zapatilla y el pedal, o, una relativa flexibilidad de la propia suela, va a traer consigo pérdidas en la transmisión de fuerza, y, por tanto, disminución del rendimiento final. Por ello, a la hora de elegir calzado debemos tener en cuenta tres aspectos: Zapatilla, pie-zapatilla, zapatilla-pedal.

Pulsar para ampliar +Zapatilla: Se debe partir de un calzado que sea altamente rígido, principalmente a nivel de la suela pero, dado que la mayoría de los ciclistas utilizan pedales automáticos, la zapatilla debe tener igualmente esas características a nivel superior (empeine), de lo contrario, también se producen ligeras pérdidas cuando tiramos del pedal hacia arriba. Esto supone, que el sistema de cierre de la zapatilla debe ser suficientemente sólido y rígido cuando se cierra, como para que no existan movimientos parásitos. A la vez que rígida, la zapatilla debe poseer un material que permita la traspiración del pie, así como una zona posterior no muy alta para evitar que pueda dañar el tendón de Aquiles. También cabe resaltar que, al igual que en todos los componentes, la influencia del peso tiene su importancia, sobre todo en las estructuras que giran, como es este caso. Actualmente existen zapatillas con base en material composite y por tanto, extremadamente rígidas que, consiguen disminuir el peso total en una cantidad apreciable a costa de un aumento en el costo económico.

Pulsar para ampliar +Pie–Zapatilla: Debido a que las posibilidades de modificar el pie son nulas, debemos escoger una zapatilla que se adapte perfectamente al pie y ser conscientes de que si adquirimos unas zapatillas rígidas, cuanto más rígidas sean, menos posibilidades de adaptación a nuestro pie van a tener, por lo que es más importante, si cabe, el realizar una buena elección. Aún así, hay ocasiones en las que no se consigue lo deseado y por ello existe la posibilidad de acoplar unas plantillas adaptadas. Éstas, deben ser realizadas por un experto que conozca en profundidad las características del deporte y así conseguir una mejor distribución de la fuerza sobre el pedal y una elección adecuada del material de la plantilla que, lógicamente no debe ser elástico. Aquí es donde aparece la figura del podólogo deportivo.

Zapatilla-Pedal:
El hecho de que la unión de la zapatilla con el pedal no sea rígida conlleva una pérdida en la transmisión de la fuerza. Por ello, las uniones zapatilla-pedal con diferentes grados de movimiento, que cada vez son más habituales en el mercado, suponen un avance importante el la prevención de una hipotética lesión pero, por contra, trae consigo una disminución ínfima del rendimiento por las referidas pérdidas en la transmisión de la fuerza.
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Otro punto a valorar en esta relación zapatilla-pedal, es la superficie de contacto entre ambos. Puede que, el disminuir cada vez más el peso de todos los componentes suponga el uso de elementos más pequeños, en este caso los pedales, que den lugar a una disminución de la superficie de contacto. Esto, asociado con la plataforma de apoyo puede dar lugar a una pérdida suplementaria en la transmisión de la fuerza y así del rendimiento.